Tehuacán, Puebla.– En el valle de Tehuacán hay historias que comienzan como relatos de éxito empresarial y terminan convertidas en expedientes judiciales. La de Miguel Ángel N. conocido como “El Animal”, es una de ellas. Hoy su caso puede resumirse en cinco capítulos, los mismos cinco meses que lleva en prisión.
Primer mes: la herencia.
Celis Romero nació dentro de una de las familias empresariales más influyentes de la región. El patrimonio fue construido durante décadas por Socorro Romero Sánchez, quien consolidó un grupo económico generador de empleo y referente en el valle. Tras el reparto del patrimonio entre los sobrinos de la fundadora, Miguel N y su hermano compartieron el control del grupo empresarial S.R.S., bajo la lógica de continuidad familiar.
Segundo mes: el heredero incómodo.
El equilibrio cambió tras la muerte del hermano de Miguel N. El heredero natural de esa participación fue su hijo, Alfonso Celis Enecoiz, quien ya participaba en la empresa como accionista. Lejos de ser un socio pasivo, comenzó a involucrarse en decisiones, revisar inversiones y rodearse de asesores para analizar el rumbo del negocio, lo que generó incomodidad dentro de la estructura empresarial.
Tercer mes: la auditoría y la ruptura.
El punto crítico llegó cuando Alfonso decidió impulsar una revisión técnica de procesos y finanzas. En ese ejercicio, según quienes participaron en las revisiones, comenzaron a detectarse manejos anómalos de recursos, operaciones irregulares y movimientos de grandes cantidades de efectivo que presuntamente terminaban bajo control de Miguel N. Los hallazgos también alcanzaron a comisarios de la empresa que hoy están vinculados a proceso por fraude dentro del mismo expediente.
Cuando Alfonso intentó presentar esos resultados para buscar una salida legal y fiscal, la reacción fue distinta: de acuerdo con versiones del entorno empresarial, fue expulsado de las oficinas junto con su equipo de asesores por personal de seguridad. La ruptura familiar quedó sellada.
Cuarto mes: la escalada.
A partir de ese momento el conflicto dejó de ser interno. Durante años, Alfonso intentó resolver la disputa dentro del ámbito familiar, pero los intentos de negociación no prosperaron. Con el tiempo, el conflicto escaló a un escenario de presiones, amenazas y presuntos intentos de extorsión relacionados con el control de la empresa.
Quinto mes: el cerco judicial.
Hoy la historia se desarrolla en los tribunales. Miguel Ángel N. permanece recluido en el Centro de Reinserción Social de San Miguel, en la ciudad de Puebla, luego de haber sido vinculado a proceso por los delitos de extorsión y fraude.
El expediente judicial sigue creciendo y el proceso apenas entra en etapas decisivas. Lo que comenzó como una disputa dentro de una de las familias empresariales más conocidas de Tehuacán terminó transformándose en un caso penal que ahora se resolverá en los tribunales por extorsión y fraude.
