Puebla.- Pedro Antonio Martínez está removiendo piezas dentro del Poder Judicial poblano. La intención parece clara: romper inercias, revisar actuaciones y recuperar espacios que durante años estuvieron sujetos a grupos e intereses.
Pero mientras más profunda sea la limpieza, mayor será el riesgo de que otros intenten ensuciar a Pedro utilizando precisamente su nombre.
En los pasillos judiciales persiste una frase tan cómoda como peligrosa: “hay línea de arriba”. Sirve para explicar resoluciones difíciles de defender, presionar jueces y, eventualmente, disfrazar intereses económicos de instrucciones políticas.
Por eso adquieren relevancia los nombres de Marisol Mora Pérez, Venustiano Islas López y Guillermo Valdez Luna. Los señalamientos alrededor de algunos de ellos no prueban por sí mismos una red, pero sí justifican revisar quién ordena, quién llama y, sobre todo, a nombre de quién se actúa.
Lo mismo ocurre con Olga Romero, “Monina”. Su larga batalla por la herencia de Socorro Romero obliga a que cualquier expediente relacionado con sus intereses sea manejado con especial transparencia. Nadie debería poder presumir influencia sobre un tribunal.
Trasciende que Pedro ya revisa expedientes y actuaciones. Si es así, deberá llegar hasta el fondo, incluso cuando encuentre nombres cercanos a la nueva administración.
Porque si quiere terminar con la famosa “línea”, tendrá que dejar algo perfectamente claro: quien utilice su nombre para presionar a un juez no representa a Pedro; representa un problema para Pedro.
Cambiar funcionarios es apenas el comienzo. El verdadero reto será demostrar que cambió también la forma de operar el Poder Judicial.
